¿Es un meme? ¿Es un legisigno? ¿Es una muletilla? No me importa que sea, menos su definición, tan solo sé que existe y me tiene a punto de estallar en un peligroso acceso de ira. Mi fobia es tal que he dejado de ver y oir los programas donde los periodistas, presentadores, locutores y toda clase de personas hacen un uso desmedido de la ya insoportable palabra, un íncubo del lenguaje. También huyo de cualquier persona a quien le haya sido invadido el cerebro por tan infeliz circunstancia. Apenas oigo a la intrusa mis orejas se paran y en una actitud muy teatral, pero comprensible, saco una gigantesca T a modo de cruz para alejar a los portadores de la palabra maldita, mientras gritó poseído “Numquam suade mihi vana”. Aunque este método no ha sido muy efectivo pues mi enemigo también lleva una T encima, por eso mi ritual no ha servido para nada. Tan solo logro asustar a la gente con mi cara de loco y la gran cruz lingüística.
Uno de mis pecados fue no tomar en serio la palabreja, eventualmente la oía pero no me imaginaba que se estaba multiplicando en silencio, como un cáncer gramatical. Ella elaboró un sencillo plan para apoderarse de la mente de las personas y carcomer con efectividad sus cerebros, ya debilitados por el uso excesivo o incorrecto de otras palabras (por parte de, básicamente, al interior de, a la altura de, a nivel de, literalmente, etc.). Pero sus planes no son solo dominar a ciertos humanos que hablan o maltratan el español, esta tarea le parece muy sencilla porque los humanos somos esclavos de las palabras y por lo tanto victimas fáciles de ellas mismas. Su verdadero plan es eliminar otras palabras, sí, individuos de su misma especie. Ante todo quiere aniquilar aquellas usadas correctamente y sus incómodos sinónimos que son sus más peligrosos y naturales enemigos. Entre sus congéneres en el diccionario -donde a veces reposa, aunque ahora no tanto- la palabra tema es considerada como “verbum non grata”.
Yo empecé a notar su extraño uso y me di cuenta de que ella se escondía solapadamente entre muchas frases, pero no le di importancia pues era usada a veces por algunos amigos o amigas, siempre dados a caer en todas las modas del lenguaje, como esta tan chocante: “mi mamá está de un consentido”, “es que esa gente es de un campero”. Pensé que era solo una de esas modas pasajeras, como la que ha contaminado a una comunidad tan respetable y cerrada como la medica, la cual antes tenía una jerga sagrada pero la gente la prostituyó sin entenderla, solo repite y repite términos científicos salidos de contexto. Ahora la gente y los mismos médicos identifican el cuerpo por niveles y alturas: “el golpe fue a la altura de la cabeza”, “el problema es a nivel estomacal”, en el uso de estas dos palabras existe a veces una rara e inexplicable diferencia: las alturas son por fuera del cuerpo y los niveles por dentro.
Ya en el remoto siglo XVII el gramático y escritor Claude Favre de Vaugelas decía: “A nadie está permitido crear nuevas palabras, ni siquiera al soberano”. Sin embargo, olvidó decir este estirado Baron de Perouges que tampoco a nadie le está permitido torturar a los demás con las palabras. Y es que el uso de la palabra “tema” -y su engendro “el tema”- se ha vuelto exasperante, una verdadera tortura para quienes nos negamos a utilizarla. La primera vez que supe de la abusiva y abusada palabra fue a través de un correo electrónico -ya estaba expandiéndose peligrosamente- donde un amigo me hizo saber que no podía viajar porque estaba enfermo de “el tema de la pierna”, me pareció muy ridícula esa forma de expresarse, además de resultar demasiado irreal y gaseosa, porque era como si no estuviera enfermo de nada. No me parece muy grave estar enfermo “del tema del corazón”, “del tema de los riñones” o de cualquier otro tema del cuerpo. Al principio no me preocupé porque su uso seguía siendo esporádico, aunque era muy usado en los canales españoles (“Borja demanda a la baronesa Thyssen por el tema de unos cuadros”).
Con mi mentalidad de científico frustrado pensé encontrar un perfil sicológico del portador de la palabra-virus. Al comienzo creí que las personas con un mínimo bagaje cultural no contraían la palabra, supuse que esta era parte de las modas en el lenguaje de la gente del común. Y sucedió al revés, la astuta palabra se coló en los cerebros más ilustrados, en los pedantes más recalcitrantes, en los políticos más encumbrados, en los funcionarios públicos más importantes y, lamentablemente, entre casi todos los periodistas, en cuyos cerebros ya enfermos llegó a hacer metástasis muy rápido. Una de las victimas, entre tantas que no alcanzaría a nombrar, es Félix “el tema” Bedout, periodista que trabaja en la nueva emisora El Tema F.M, anteriormente la W F.M. Este pobre hombre, considerado como desahuciado, está poseído totalmente por la palabra y en cada intervención en cualquier programa -o en las entrevistas- puede repetirla tantas veces que ya parece una letanía. Un corto tiempo después se contaminó Julito Sánchez Cristo y muchos de sus corresponsales en todo el mundo, la ocañera Carol Ximena Guerrero tardó en contaminarse y el único que ha permanecido incontaminado es Gabriel Casas Santamaría. En una mañana cualquiera en El Tema F.M puede oír uno miles de veces la entrometida palabra, yo no culpo a los portadores porque ya no son dueños de sus actos - menos de sus palabras- y el mal se apoderó de sus débiles cerebros. Por alguna razón, que no he estudiado a fondo, otras personas propensas a contaminarse con inusitada virulencia de las modas del lenguaje son la mayoría de los funcionarios públicos y casi todos los políticos, quienes caen con una facilidad espantosa, las adquieren con una rapidez asombrosa, se nota mucha afectación cuando usan las palabras de moda, hasta cuando las agotan y cogen otras. Utilizan cada nueva palabra -que es insertada cada dos o tres frases- como si fueran muy versados en la gramática española y nos estuvieran enseñando a hablar correctamente.
Lo curioso del asunto -“del tema” diría un portador- es que la palabra logra ser usada para remplazar otras, hay una evidente deslealtad de gremio, pero al final se convierte simplemente en una especie de tic del lenguaje. Los más doctos en enfermedades del lenguaje le llaman a este mal polisemia, su mención me da escalofríos porque pareciera estar emparentada con la septicemia, en este caso no es una bacteria la que se come un cuerpo sino una palabra la que se traga el cerebro entero. Así como “al interior de” enterró definitivamente a dentro, en y adentro de, así mismo “el tema” también aniquiló inicialmente a materia o asunto y luego se fue en busca de otras palabras. En la mayoría de los casos la omnipresente palabra infecta una frase para hacerla más ampulosa, más enrevesada sin aportarle ningún significado adicional, alguien me decía: “¿Vos tenés información de las fincas de Ocaña donde se trabajaba el tema del fique?” Un periodista local me preguntaba: “Y a vos como te va trabajando en el tema del computador”. Una novel periodista nacional explicaba en una nota: “En estos últimos años Colombia se ha convertido, sin duda alguna, un país importante en el tema de los tratamientos estéticos”. Yen la sección de deportes de Caracol un funcionario remataba una frase: “…cuando esté subsanado el tema de la cubierta”. El tema del día (y aquí si es valido su uso) de un programa de televisión era: ¿No se le esta yendo la mano a la gente con el tema de la tutela? En estos ejemplos sobra la palabra “el tema” y se puede entender perfectamente lo que se quiere decir sin hacer uso de ella, pero la idea es adornar la frase, hacerla más barroca y por supuesto estar a la moda en la forma de hablar. “El tema” ha logrado también sustituir a problema: “El presidente habló sobre el tema del invierno”, “El ministro x se refirió al tema de la salud en Colombia”, “El tema del escándalo público aun no ha estado definido”. Los periódicos y los noticieros locales no han sido inmunes a la infección “del tema”, sobre todo los de televisión, la palabra se coló entre la televisión güicha. Un noticiero de televisión local informaba: “El alcalde se refirió al tema de los extinguidores” y una periodista decía esto: “Sin tener en cuenta el tema de la facturación”.
Los ejemplos del uso de esta palabra sobran y con ellos se podría llenar una enciclopedia, solo he mencionado unos cuantos, porque seguirle el rastro a esta palabra ha sido para mí una tarea muy desagradable y agotadora. “El tema” ha logrado un estatus y ahora no es parte del lenguaje de la calle sino que ya llegó a los periódicos, revistas, páginas web, blogs, etc. Inclusive las doctas vacas sagradas del periodismo colombiano han sucumbido a la fuerza de esta peritonitis idiomática, una de estas vacas sagradas en una entrevista al presidente Santos le dijo: “Lo esperan en Arauca con un tema muy importante”. No deja de ser paradójico que sean los periodistas las victimas más fáciles de las modas en el lenguaje, cuando ellos deberían ser inmunes a tales ataques porque su herramienta de trabajo es el idioma y están en la obligación de conocerlo y protegerlo. Allí donde existan palabras aparece el nuevo íncubo del idioma español, su uso además de desesperante es motivo de preocupación para los científicos del lenguaje que no encuentran vacuna contra este molesto virus gramatical que tiene los mismos ciclos que cualquier otro virus: fijación, penetración, eclipse, multiplicación y liberación de nuevos virus, o sea más temas, por miles, por millones, ¡que pesadilla! A fuerza de uso, como en tantos otros casos, la palabra consiguió su objetivo: volverse una norma gramatical, pero en últimas es una práctica tonta que empobrece y maltrata el español.
