En Colombia el 31 de octubre de 2005 se suscribió el convenio No. 307 de 2005 entre el DANE y el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Educación, El Instituto Distrital de Cultura y Turismo, la Cámara Colombiana del Libro y Fundalectura con el apoyo del Centro Regional para el Fomento del libro en América del Latina y el Caribe-CERLALC, para realizar una encuesta sobre hábitos de lectura, gran consternación produjeron los resultados, en donde se supo que: el 37% de los colombianos leen por lo menos un libro al año, las personas leen un promedio de 9 minutos al día, el 23% de los colombianos compran por lo menos un libro al año. Las cifras eran desalentadores cuando en el 2000 se hablaba que el 62% de los colombianos leían, por lo menos, un libro anual (cifra que yo coloco en duda), el tiempo de lectura diario promedio era de 43 minutos (cosa que también coloco en duda).
Lo que si no coloco en duda es que la tendencia a la baja en los hábitos de lectura, cinco años después, se sigan manteniendo y los resultados llenen los lacrimales de agua de mar. Muy a pesar que la encuesta realizada incluía a Cúcuta entre las ciudades, pienso que el aporte del Norte de Santander a engrandecer la demografía de los lectores no sea la mejor.
Desconozco la elaboración de unas políticas públicas de lectura, y si las hay no se han socializado, si estas existen solo han quedado en la elite intelectual de la “Torre del reloj”, y ahí no sirven para nada. Es muy probable que los gobernadores y secretarios de cultura departamental, desconozcan que más allá de los límites del Barrio Atalaya, en Cúcuta, también viven Norte Santandereanos y que esos Norte Santandereanos leen, que sus hijos deben ser promocionados en la lectura y que las bibliotecas deben trabajar como un engranaje.
Pero que he de exigirle yo a tan altas autoridades que se deben encontrar ocupadas en el arreglo de la carretera Cúcuta- Ocaña; Habrá que preguntarle a los alcaldes sobre el presupuesto destinado a la promoción de lectura, por ejemplo, yo supongo, que el alcalde de Ocaña debe de estarle dedicando, mínimo, un 1% del presupuesto municipal total a la promoción de lectura, creación de grupos de lectura, eventos alrededor de la promoción de la lecto-escritura, contratación de personal idóneo para el manejo de bibliotecas etc. Me dirijo a la biblioteca Municipal y pregunto por las actividades semanales y por la cara que me colocan creo que tal inversión no se ha hecho; y mejor ni hablar de la biblioteca pública Mario Javier Pacheco que abandonada anda en Santa Clara.
De igual forma supongo que lo anterior no es responsabilidad del alcalde ni de la secretaría de educación y cultura; así que me dirijo los colegios y cuando le pregunto al primer alumno sobre el último libro que le colocaron a leer, me mira con desprecio y sale corriendo; tal parece ser, según he escuchado a los profesores, que la mejor manera de insultar a un niño ocañero es hablarle de libros.
Pero la sorpresa mayor me la llevo cuando me entero que en octubre esta pronta a realizarse la FERIA DEL LIBRO DE OCAÑA, hace menos de un mes se realizo en Cúcuta, y esta también pronta a realizarse la de Chinacota. España, con mayor índice de lectura que el Norte de Santander, tiene siete ferias del libro que son[1]: la feria liber, la feria del libro Aragones, la feria de Madrid, la feria del libro de Girón, la feria del libro de Sevilla, la feria del libro de la Mancha, la feria del libro Cuellar; México tiene una feria del libro por estado, y es el país más prolífico en estas manifestaciones.
Pues los Norte Santandereanos estamos por encima de las mecas de la literatura, no sabemos si es por moda o por snobismo, pero no es porque nos gusten los libros. Somos alérgicos a ese instrumento que Borges llamo “la extensión de la memoria” No quiero desacreditar el heroísmo de personas como el rector del Don Bosco College, José Emiro Salas, que Quijotescamente quiere colocar su granito de arena al desierto intelectual que nos consume; pero una feria del libro en medio de gente que detesta la literatura, de dirigentes que no invierten en promoción cultural, de instituciones educativas reaccionarias a las letras, de ausencia de bibliotecas es como llevar un cerdo a una fiesta de judíos.
