ICNIV AD OGIDOC LE - Gustavo Lobo Amaya
Debido a su enfermiza megalomanía Estados Unidos además de sus arbitrarias políticas exteriores, impone soterrada y abiertamente al mundo su cultura, sea autores, cineastas, cantantes, pintores, actores y otros, o sus productos comerciales como papas fritas, cadenas de hamburguesas, carros, etc. El etnocentrismo agresivo que exhiben los estadounidenses los convierte en peligrosos depredadores culturales. Un ejemplo claro está en el jazz, el rock, el pop, el rap y otros géneros aparecidos allá que se han convertido en los disolventes universales de la música. Si el resto de los mortales quiere triunfar entre su público y hasta internacionalmente debe mezclar los ritmos autóctonos del país de origen con los de Estados Unidos. A ciertos sectores radicales y dominantes de la población no les interesa la música étnica: la encuentran casi subversiva. Difícilmente pueden digerirla, pese a que sus raíces musicales provienen de diversos lugares del planeta, como Europa, África o Latinoamérica....